Los casitas o kasitas eran un pueblo indoeuropeo que atravesaron el Cáucaso y se dirigieron hacia el Primer Imperio babilónico. Llegaron con sus carros de guerra tirados por caballos, que los proporcionaban una gran superioridad frente a los ejércitos en campo abierto, pero que eran inútiles frente a las murallas.
Estos pueblos no tenían experiencia en asaltar murallas, por lo que se dirigieron a los Montes Zagros en el actual Irán donde se asentaron. Desde allí comenzó la presión sobre Babilonia. Durante el gobierno de Samsu-Iluna (1749-1712 AC), hijo de Hammurabi, los kasitas realizaron el primer ataque sobre Babilonia. Este pueblo, atacaría Babilonia durante más de un siglo, aunque esta resistió los embates, principalmente debido a la fortaleza de sus murallas. Sin embargo, mediante una emigración pacífica, por medio de pequeños grupos que se iban asentando en territorio babilonio posiblemente como mercenarios y asimilando su cultura, los kasitas acabaron por instalarse en Babilonia. Finalmente hacia 1594 a.c., llevaron a cabo una incursión violenta y fundaron una dinastía que se mantuvo en el trono durante 576 años, cuyo último rey, El trigésimo sexto murió hacia 1185 a.c..
Muy pronto adoptaron el modo de vida de los babilonios. Construyeron y restauraron los templos de los antiguos dioses mesopotámicos y fueron trabajadores básicamente agrícolas, se organizaban en tribus agrupadas por «kasas» que llevaban el nombre de algún antecesor famoso por sus hazañas. Hablaban el sumerio, aunque sus cartas y contratos estaban escritas en babilonio. A pesar de tomar las costumbres babilónicas, los kasitas retuvieron su sistema tradicional de clanes y su estructura tribal, en contraste con la unidad más pequeña de la familia de los babilonios. Estaban orgullosos de su pertenencia a sus casas tribales, en lugar de sus propios padres, conservaron sus costumbres de la propiedad y la herencia patriarcal.