Los casitas o kasitas eran un pueblo indoeuropeo que atravesaron el Cáucaso y se dirigieron hacia el Primer Imperio babilónico. Llegaron con sus carros de guerra tirados por caballos, que los proporcionaban una gran superioridad frente a los ejércitos en campo abierto, pero que eran inútiles frente a las murallas.
Estos pueblos no tenían experiencia en asaltar murallas, por lo que se dirigieron a los Montes Zagros en el actual Irán donde se asentaron. Desde allí comenzó la presión sobre Babilonia. Durante el gobierno de Samsu-Iluna (1749-1712 AC), hijo de Hammurabi, los kasitas realizaron el primer ataque sobre Babilonia. Este pueblo, atacaría Babilonia durante más de un siglo, aunque esta resistió los embates, principalmente debido a la fortaleza de sus murallas. Sin embargo, mediante una emigración pacífica, por medio de pequeños grupos que se iban asentando en territorio babilonio posiblemente como mercenarios y asimilando su cultura, los kasitas acabaron por instalarse en Babilonia, sobre la que establecieron su dominio.
Muy pronto adoptaron el modo de vida de los babilonios. Construyeron y restauraron los templos de los antiguos dioses mesopotámicos y fueron trabajadores básicamente agrícolas, se organizaban en tribus agrupadas por «kasas» que llevaban el nombre de algún antecesor famoso por sus hazañas. Hablaban el sumerio, aunque sus cartas y contratos estaban escritas en babilonio. A pesar de tomar las costumbres babilónicas, los kasitas retuvieron su sistema tradicional de clanes y su estructura tribal, en contraste con la unidad más pequeña de la familia de los babilonios. Estaban orgullosos de su pertenencia a sus casas tribales, en lugar de sus propios padres, conservaron sus costumbres de la propiedad y la herencia patriarcal.